No te apresures:
El secreto del risotto está en remover constantemente y añadir el caldo poco a poco.
Ingredientes
320 g de arroz Carnaroli o Arborio
1 litro de caldo de carne caliente
1 cebolla pequeña, finamente picada
40 g de mantequilla
2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
100 ml de vino blanco seco
1 sobrecito (aprox. 0,1 g) de azafrán (azafrán en hebras o polvo)
40 g de queso parmesano rallado (Parmigiano Reggiano)
Sal al gusto
Preparación
Preparar el caldo:
Mantén el caldo caliente durante toda la cocción del risotto.
Sofrito:
En una sartén grande o cacerola, derrite la mantequilla junto con el aceite de oliva. Añade la cebolla picada y sofríe a fuego lento hasta que quede transparente, sin dorarse.
Tostar el arroz:
Agrega el arroz y remueve durante unos 2 minutos hasta que los granos se vuelvan ligeramente translúcidos.
Desglasar con vino:
Vierte el vino blanco y deja evaporar el alcohol completamente.
Añadir el caldo poco a poco:
Incorpora un cucharón de caldo caliente y remueve constantemente. A medida que el arroz absorba el líquido, añade más caldo, sin dejar de remover.
Agregar el azafrán:
Disuelve el azafrán en un poco de caldo caliente y añádelo al arroz a mitad de la cocción. Esto dará al risotto su color dorado y aroma característico.
Cuando el arroz esté “al dente” (ligeramente firme), retira del fuego y añade la mantequilla restante y el parmesano rallado. Remueve hasta obtener una textura cremosa.
Reposar:
Deja reposar 1 o 2 minutos antes de servir.
Consejos del chef
Textura ideal: Debe quedar cremoso pero no líquido.
Toque final: Puedes añadir un poco de tuétano (médula ósea) como en la receta tradicional milanesa, para un sabor más auténtico.
Historia del Risotto alla Milanesa
El Risotto alla Milanesa es uno de los platos más emblemáticos del norte de Italia, especialmente de Milán.
Su origen se remonta al siglo XVI, cuando, según la leyenda, un aprendiz vidriero usó azafrán —que se empleaba para teñir los vidrios de la catedral de Milán— para dar color a su arroz durante una boda.
El resultado encantó a todos, y desde entonces el risotto dorado se convirtió en símbolo de la cocina milanesa: elegante, simple y lleno de sabor.

Comentarios